30 de octubre de 2013

Sobre la ciberdemocracia y los casamientos

 Los compañeros de La Marea acaban de editar el libro: "La Uni en la calle. Libro de textos". Un impagable, bonito y precioso trabajo.

Aquí mi contribución:

"¿Ciberdemócratas de palo?
Prácticas políticas en Red

"Desde siempre la práctica política ha estado condicionada por formalismos. Protocolos prefijados de antemano que marcaban los modos y esquemas para la participación. Al igual que en una boda los invitados se endomingan para disfrutar del banquete, la democracia representativa reserva ciertas ceremonias para los gobernados. A través de las elecciones la ciudadanía se implica y participa oficiosamente. Incluso para aquellos que se oponen a llevar corbata o tacones, el sistema reserva “la etiqueta de la disidencia” en forma de movimientos sociales o prácticas alternativas e informales de participación. Todo medido y estudiado. Los novios se dan el sí quiero, los gobernantes celebran “la fiesta de la democracia” y ambos, novios y representantes políticos, son felices y comen perdices.

Sin embargo, la medida de los tiempos somete a cambios a toda institución. Si en los banquetes nupciales se ha relegado al más profundo de los silencios al cóctel de marisco con salsa rosa, la irrupción de la tecnología ha modificado partes de la cómoda democracia. En este contexto, todo aquello disfrazado de ciber (ciberpolítica, ciberdemocracia, cibercampaña) se somete a dos enfoques que transitan entre los que inciden en la revitalización de la cultura política y los que destacan la degradación de la esfera pública surgida en un contexto digital.

Para los más optimistas, la práctica política en la red revitaliza modelos de información y acción colectiva. La desafección de la ciudadanía por la política convencional y sus gestores encontraría un enemigo en internet al surgir actividades digitales sin tantas restricciones (de esfuerzo, tiempo o acceso de información). Formas de participar más dinámicas y horizontales con sujetos autónomos y sintantas dependencias. Así, frente a las injerencias de familiares y amigos, los novios se emanciparían de su papel asignado. Nada de velos, rituales católicos ni canapés.

No obstante, la sombra de los agoreros planea sobre estas formas de participar en red. En el papel de “invitados incómodos al enlace” encontramos varias amenazas que confirman cómo la versión digital de la política es mucho más pobre y limitada que la analógica. Uno de esos inconvenientes reside en la pérdida del denominado capital social. Actuar y participar en política a través de internet establece lazos débiles que restan cohesión a las comunidades. Acudir a una manifestación, participar de una asamblea fomenta un sentimiento de pertenencia que a la larga se convierte en cooperación y solidaridad. ¿Se da esto cuando firmamos una petición vía internet? La ceremonia tradicional no sólo sella oficialmente un compromiso. Implica que los invitados se tomen cañas tras la ceremonia y generen confianza. Vínculos que a lo largo de todo el evento formarán una identidad colectiva. Muchos de éstos se mantendrán después, hasta el punto de que de “unas bodas saldrán otras”.

De igual modo, y como otra amenaza a la luna de miel de la política digital, habría
que preguntarse si este tipo de acciones provoca un activismo de segunda categoría. Frente a la voluntad de cambio social de la militancia convencional, las prácticas políticas exentas de riesgos y sin excesivo esfuerzo que se producen en la red pueden derivar en acciones “hiperrápidas” en las que se prima la expresión estética y la movilización frente a la reflexión. El resultado serían actos sin incidencia política e imposibles de integrarse en las vías institucionales de participación. Residuales en términos de presión y fiscalización de los gobernantes, pero preciosas, rápidas e instantáneas. Mucho marco incomparable, pero poco amor.

En definitiva, cualquier aproximación a las prácticas digitales en la red está plagada de matices, posiciones a favor y múltiples controversias. Tal vez haya llegado el momento de interpretar y celebrar lo que nos plazca. Participemos en política a través de la red y fuera de ella (si aún podemos establecer esta distinción). Disfrutemos de las ceremonias sean dónde y cómo sean. No juzguemos a nuestros ami- gos progres por desposarse con una fiesta de disfraces, ni a nuestros colegas más conservadores porque nos obliguen a ponernos la corbata y acudir a la iglesia. No pensemos que la verdadera política tiene una sola cara formal y convencional. Tal vez, sólo cuando integremos en la acción política recursos entretenidos, flexibles y expresivos comience a repartirse el pastel de la participación. Abramos la espita de las prácticas políticas híbridas, combinando escenarios digitales y “analógicos” en los que las redes sean las plazas y las calles los nodos. Porque en democracia, como en el amor, la importancia no está en la cantidad de los apoyos si no en la calidad de los procesos. Ah..... ¡ Y QUE VIVAN LOS NOVIOS Y LAS NOVIAS!

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