20 de junio de 2014

Mecenazgo a la navarra

La ley del Mecenazgo cultural por fin ha sido aprobada. Tras un rápido trámite parlamentario, sin la oportunidad de un debate a fondo en el sector cultural, ya tenemos la primera ley del mecenazgo autonómica –antes que la prometida en el estado-, prácticamente su único mérito… Desde su presentación como proyecto, un limitado y opaco proceso participativo nos ha ofrecido pocas novedades significativas. La ley recoge cambios cosméticos, algunos tan castizos como la mención expresa a “la jota, el baile de la era, el paloteado, los volantes, la mutildantza o la espatadantza”, para quedar prácticamente como estaba, como debía ser, desde un principio…

¿En que ha quedado esa “nueva concepción de la práctica del mecenazgo del siglo XXI”, que “partiendo del escenario de notable austeridad presupuestaria”, se presenta como “una oportunidad para que al esfuerzo del sector público, se sume ahora el compromiso de la ciudadanía y el empresariado en la promoción y financiación de la cultura”? Vayamos al grano de aquellos puntos importantes, que definen el carácter y el objetivo de la ley, más allá de la retórica.
En el apartado de beneficiarios se encuentran “Las universidades establecidas en la Comunidad Foral de Navarra”, es decir, también la Universidad de Navarra, entidad privada conocida por su aperturista perfil cultural y por los problemas endémicos para financiar sus proyectos. O la Iglesia Católica, bienhechora e independiente institución cultural, necesitada para desarrollar su labor de inmatricular bienes públicos.

En cuanto a los proyectos que se pueden presentar, no es de recibo que se vaya a elaborar una relación anual de proyectos que por decreto foral sean prioritarios o que todos los proyectos del Departamento de cultura y de sus fundaciones dependientes no necesiten de una declaración expresa de interés social. Una presunción ventajista que tiene por objeto sustituir los recortes del presupuesto público.

Por otra parte, no tiene sentido que se premie a la práctica del mecenazgo “prestigiando y dando visibilidad (…) reconociendo públicamente la labor filantrópica” ya que se parece demasiado, si no lo es de hecho, al puro patrocinio, práctica comercial que intercambia inversión por publicidad.
No obstante, la clave de la ley se encuentra en que la competencia de las declaraciones de interés social corresponderán al nuevo Consejo Navarro de Cultura, formado por “representantes de asociaciones y entidades, de las distintas administraciones y vocales de reconocido prestigio”. Consejo que por muy variado que se pretenda de nuevo será elegido a dedo por el propio Departamento de cultura. Un nuevo filtro de control que se remacha con la facultad del Consejero de cultura “para dictar cuantas normas sean necesaria para la regulación del procedimiento y de la documentación a presentar para la declaración de interés social”.

Pese a tan poco sutiles aspectos de la ley, destinados a beneficiar a un descapitalizado sector público y a determinados intereses muy particulares, la gota que colma el vaso es la Disposición adicional tercera que posibilita el mecenazgo sobre “determinados productos financieros gestionados por entidades de crédito”, esto es, la ciudadanía apoyando directamente a los bancos y no a la cultura para que estos generen un beneficio extra…

El mecenazgo a la navarra: una oportunidad para controlar los escasos flujos económicos dedicados a la cultura, refinanciando a las instituciones abandonadas, a la Iglesia Católica, a la Universidad de Navarra o a la banca…bajo el férreo control de este gobierno o de los que vengan, si no se atreven a cambiar esta ley anticultural.

Cultura prekaria compareció en 2013 en el Parlamento de Navarra para explicar su posición, basada en cuatro principios: ley doble de mecenazgo y patrocinio, para evitar confusiones interesadas; censo administrativo basado en criterios de utilidad pública, similar a la ley francesa o al borrador de ley andaluz; revisión de incentivos fiscales al alza y al consumo particular, a modo de bonos culturales; gestión de la Ley a través de un Consejo de Cultura realmente participativo que, a través de una Comisión de Mecenazgo y Patrocinio, sea garantía de independencia de una ley la pues, si recoge y distribuye el dinero de nuestros bolsillos, debe estar gestionada por la ciudadanía.

Obviamente ninguna de nuestras propuestas ha sido atendida, considerada o si quiera discutida por parte del Gobierno de Navarra;  la ley ha sido cocinada en los despachos habituales tal como se le escapó a la Consejera de Economía en su comparecencia sobre cierto escándalo reciente.

Por otra parte, lamentablemente, la postura de la oposición tampoco ha sido unánime en su rechazo a la ley. Frente al voto negativo de EH Bildu, Nafarroa Bai e I-E o la abstención de Geroa Bai, el voto favorable del PSN y PP ha permitido que la ley siguiera adelante y evidencia que todavía falta mucho para que el conjunto del estamento político entienda que la cultura es un recurso estratégico y un derecho universal así como un patrimonio común de la ciudadanía navarra.

No hace falta insistir a estas alturas sobre la desastrosa situación económica de la cultura en Navarra –justo lo contraria que su situación creativa, más viva que nunca- pero sí hay que hacer una llamada de atención sobre los posibles estragos que puede provocar esta fraudulenta ley de mecenazgo: desfondando definitivamente la concepción pública de la cultura, atornillando ideológicamente el control institucional de lo que ha de ser libre y abierto, marginando todavía más la cultura alternativa de un rico tejido de pequeñas iniciativas que habrán de vivir de migajas o de la ayuda mutua. Sin embargo, pese a que perspectiva económica de la cultura en Navarra es muy negra, como demostraron las I Jornadas de Cultura Prekaria que se desarrollaron el pasado abril, el sector cultural de Navarra se empieza a mover buscando en la vía de la autogestión su autonomía creativa sin renunciar a que lo público –lo que es de todas y todos- esté a disposición de la sociedad.

Firmado Grupo Cultura Prekaria Taldea:
Iñaki Arzoz
Clemente Bernad
Fernando Pascual
Xabier Epalza
Carolina Martínez
Patxi Irurzun
Alberto Labarga
Nieves Ciriza
Pedro Oses
Patxi Alda
Jaime Martín
Patxi Goñi




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