29 de julio de 2014

Edward Snowden: en la mente de un whistleblower

Daniel Martín
Miembro de la comunidad editorial del 4º Poder en Red



“La ciudadanía lleva consigo la obligación de primero supervisar al Gobierno […] Si quieres ayudar, súmate a la comunidad de código abierto y lucha por mantener vivo el espíritu de la prensa y la libertad en internet. He estado en los rincones más oscuros del Gobierno, y lo que ellos temen es la luz”. - Edward Snowden
Edward Snowden, el hombre tras las filtraciones del espionaje masivo de la NSA, sabía desde el primer momento que con sus revelaciones iba a poner en riesgo su libertad y se ha enfrentado a ello con una determinación y un tesón muy poco comunes. En un primer comunicado enviado a los periodistas que le sirvieron de soporte para la filtración declaraba: “Sé muy bien que pagaré por mis acciones y que hacer pública esta información supondrá mi final”
¿Qué lleva a un joven de 29 años que comparte con su novia una vida tranquila en el paraíso tropical de Hawai a arriesgarlo todo en nombre de la libertad en Red? Detrás de las revelaciones sobre las actividades de la NSA hay una persona con un gran sentido del deber que antepone el derecho a saber de la comunidad a su propia libertad.

Sus influencias
Indagando en el pasado de Snowden, en sus actos y en sus declaraciones, pueden vislumbrarse dos pilares básicos que parecen haber motivado su decisión: el sentido del servicio público y la devoción por el potencial liberador de internet.
El sentido del servicio público de Snowden se forjó durante su infancia. Estaba presente en su familia, ya que sus padres eran empleados del Gobierno federal. Su madre trabajaba en un juzgado de Baltimore mientras que su padre fue guardacostas durante más de 30 años. Snowden siempre consideró que trabajar para el Gobierno era algo noble.
En cuanto a la Red, como para muchos otros jóvenes de su generación, para él internet ya no era una herramienta con la que llevar a cabo tareas concretas, era un mundo en sí mismo. Un lugar que ofrecía potencial para experimentar el crecimiento intelectual y el conocimiento personal, un reducto de libertad que debía ser preservado a toda costa. Durante su primer encuentro con Glenn Greenwald en Hong Kong, Snowden señaló estar preocupado por el hecho de que su generación “fuese la última en disfrutar de esa libertad”, a lo que añadió “no quiero vivir en un mundo sin privacidad ni libertad, donde se suprima el extraordinario valor de internet”.
Era tal el interés de Snowden por la Red que no llegó a terminar la educación secundaria debido a que prefería invertir su tiempo en navegar por internet y leer escritos sobre mitología griega a ocuparse de los contenidos impartidos en el instituto. Los videojuegos también fueron una influencia de peso para él. Según explica él mismo, le atraían por sus historias, tramas en las que “el protagonista esuna persona corriente que se ve frente a graves injusticias causadas por poderosas fuerzas y tiene la opción de huir asustado o luchar por sus creencias”.

Dentro del sistema
En 2004, a los 20 años, Snowden se alistó en el ejército para luchar en la guerra de Irak, en lo que él consideró un esfuerzo noble para liberar al pueblo iraquí de la opresión. Sin embargo, a las pocas semanas de instrucción en el ejército perdió las ganas de participar. Se percató de que sus instructores estaban más preocupados por enseñarles a aplastar árabes que de luchar por la libertad. Finalmente, Snowden se rompió las dos piernas en un accidente y se libró de todos sus compromisos adquiridos con el ejército antes de haber tenido que entrar en combate.
A pesar de su desafección con el ejército, seguía creyendo en su Gobierno y comenzó a trabajar para una agencia federal, donde tuvo una trayectoria meteórica a pesar de su falta de titulación. En tan solo dos años, pasó de guarda de seguridad a experto técnico. En 2007 consiguió un puesto en Suiza para trabajar con sistemas informáticos. Allí comenzó a tener acceso a información secreta de mayor calibre: “empecé a comprender que lo que mi Gobierno le hace al mundo es muy diferente de lo que siempre me habían contado”.
Snowden intentó hablar con sus superiores para detener los abusos que se estaban cometiendo, pero solo recibió respuestas negativas, aumentando su frustración. En 2009 empezó a valorar la opción de filtrar secretos que revelaban delitos graves, pero la elección de Barack Obama, que accedió al cargo prometiendo acabar con los abusos, retrasó esta decisión.
Al contrario de lo que afirman sus detractores, a Snowden le preocupaba la posibilidad de que, dada la naturaleza de las actividades de la CIA, las filtraciones pudieran poner en peligro la seguridad de alguien. Por ello decidió volver a la NSA, donde las filtraciones solo tratarían sobre sistemas abusivos sin afectar a nadie en particular. Así pues, en 2010 pidió el traslado a Japón, a la Dell Corporation, donde se le concedió un alto nivel de acceso a secretos de vigilancia. “Las cosas que vi empezaron a perturbarme de veras. Podía observar drones en tiempo real mientras vigilaban a gente a la que quizá matarían”. Allí empezaría a recabar la información que tres años más tarde acabaría filtrando. En 2013 pedirá otro traslado, esta vez a Hawai, bajo el mando de la empresa contratista de defensa Booz Allen Hamilton para poder completar una serie final de archivos.
Una vez tuvo toda la información recabada, decidió publicarla lo antes posible. De haberse tomado algo más de tiempo, Snowden podría haber eliminado todas las huellas digitales de sus extracciones librándose de las posibles consecuencias, algo que descartó ya que sentía que no debía esconderse: “quienquiera que haga algo tan importante tiene la obligación de explicar por qué lo ha hecho y qué espera conseguir”

Un verdadero servicio público
Finalmente, el analista de datos hizo públicas las informaciones extraídas en su puesto de trabajo. Edward Snowden pasó por el ejército y las agencias de la inteligencia para servir a su país y salió horrorizado por lo que vio. Sin embargo, con sus revelaciones, acabó prestando un gran servicio a la humanidad, protegiendo el derecho a la información bajo el elevado coste del exilio.
Ante aquellos que le consideran un traidor, Snowden justifica sus actos evocando el espíritu de los padres fundadores de EEUU: “Son palabras de la historia: no hablemos más de la fe del hombre y atémoslo con las cadenas de la criptografía para que no haga travesuras.” Una clara referencia a Thomas Jefferson, que pedía, en cuestiones de poder, “atar al hombre con las cadenas de la Constitución”.

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