18 de julio de 2014

Los héroes olvidados de la libertad digital



Carlos del Castillo
Periodista miembro de la comunidad editorial del 4º Poder en Red

Chelsea Manning, Julian Assange y Edward Snowden ya no ocupan portadas. La actualidad informativa los encumbró, degradó y escupió.


La primera se encuentra en una cárcel masculina en Fort Leavenworth, Kansas, cumpliendo una condena de 35 años por revelar secretos de Estado.


El segundo ha cumplido ya dos años encerrado en la embajada de Ecuador en Londres, que el Reino Unido mantiene bajo sitio policial. Según informa el portal Govwaste.co.uk, que actualiza el gasto del gobierno británico en vigilar la Embajada al minuto, el monto gastado hasta el momento se aproxima a los siete millones de libras esterlinas.


El tercero volverá pronto a los informativos. El hombre que enseñó al mundo cómo sus derechos fundamentales estaban siendo violados sistemáticamente en Internet, está a punto de renovar su asilo en Rusia por otros doce meses. Snowden es, de momento, el más afortunado entre los whistleblowers que han osado desafiar el imperialismo tecnológico de EEUU y sus lacayos, ya que, aunque controlado muy de cerca por el servicio secreto ruso, goza de cierta libertad e incluso tiene un empleo.


Moscú no lo acogió para demostrar un compromiso con las libertades fundamentales, o con la neutralidad de la red en particular. Para Rusia, el exanalista de la NSA es simplemente una forma de desafiar a EEUU en uno de los terrenos que el grupo de los Brics considera fundamental para lograr una distribución multipolar del poder mundial: Internet.




No es casualidad que fuera otro miembro de los Brics el que protestara con con más energía tras el escándalo de espionaje. Brasil, de la mano de su presidenta Dilma Rousseff, se convirtió en un faro para la neutralidad de la red al denunciar las prácticas estadounidenses ante la ONU y aprobar el Marco Civil de Internet meses después. Fue la primera legislación que reconoce la red como un bien común de la ciudadanía y que se compromete a defender su libertad y neutralidad.


Pese a estos flashes, Brasilia no ha hecho demasiado por acercarse a Snowden. Puede que Rousseff haya preferido aprovechar que la legislación rusa contempla un primer año de asilo, que puede ser renovado por otros doce meses, para dejar al estadounidense allí un tiempo más. Lo único que sabemos es que Brasil no ha terminado de convertirse en un adalid de la neutralidad de la red: su cumbre para lograr una reglamentación internacional para Internet fue considerada un fracaso y ha decidido pasar por alto la posibilidad de ofrecer un refugio perenne a Snowden.


Rousseff no es la única que ha preferido mirar para otro lado. Angela Merkel tampoco ha escuchado los llamamientos de Snowden. Alemania, el país que podría oponerse con más fuerza a EEUU en el continente europeo, no sólo no contempla darle asilo, sino que a pesar de los continuos desplantes estadounidenses, sigue intentando llegar a un acuerdo bilateral con Washington para escapar, individualmente, del espionaje.


Así las cosas, a Snowden solo le queda el puñado de países latinoamericanos que le ofrecieron asilo: Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. Su problema en este caso es cómo llegar allí. EEUU no reconoce su soberanía e intentará boicotear el legítimo derecho de estos Estados de acogerlo, como demuestra el infame incidente con el avión presidencial de Evo Morales de hace un año.


Pese a que Manning, Assange y Snowden están cada vez más lejos de los focos, las situaciones que denunciaron están lejos de haber quedado atrás. Las leyes mordaza que intentan secuestrar el potencial democrático de Internet se repiten por todo el mundo, especialmente en Europa. Mientras, EEUU ha dado vía libre al Internet de dos velocidades, que puede derribar el principal pilar de la neutralidad de la red.

¿Necesitamos otro héroe que sacrifique su libertad para recordarnos que la mayor herramienta democrática de la que ha disfrutado la humanidad está en peligro?

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