9 de septiembre de 2014

"Si no costeamos nuestros medios, serán perros falderos del poder"


Última entrevista de una larga serie de posts publicados por ESPÍA EN EL CONGRESO ¡Juro que no les conozco!

Remuneración y anonimato: retos y riesgos del nuevo periodismo en red frente al “modelo Vargas Llosa”, sugiere el profesor Víctor Sampedro en su libro “Cuarto poder en red”. Y si en las publicaciones científicas el anonimato (revisión ciega y a pares) para realizar una crítica es ya una exigencia ¿puede servir como ejemplo o la comunicación de masas exigirá siempre la firma y la identificación?. Sampedro responde: “Necesitamos más y mejores periodistas que nunca. Nunca hubo tanta información ni gente informando, reconocidos o no como periodistas. Y las noticias se sostienen por los datos y documentos que las avalan. Tenemos la tecnología para publicar archivos completos y que el público pueda contrastarlos. Pero no todo el mundo lo va a hacer con las destrezas necesarias. Por eso necesitamos profesionales que seleccionen, jerarquicen y logren impacto político. Claro que firmarán con nombres y apellidos para asumir la responsabilidad de lo publicado. Trabajarán en empresas y con recursos que les aseguran continuidad. Aplicarán protocolos colaborativos, que empoderan al público, hasta convertirlo en sujeto comunicativo de pleno derecho”.
“Porque es ésta la función clave del periodista: convertirnos en ciudadanos capaces de desarrollar un nuevo código democrático, basado en la transparencia y la participación. La información es un bien intangible, un bien común. El público ha de costearlo con dinero y alimentarlo con sus debates e inteligencia colectiva. Ahora no pagamos porque la información convencional es tan homogénea o predecible que no vale su precio. No nos representa. Pero aún no entendemos que, si nosotros no costeamos nuestros medios, serán (como ahora) perros falderos del poder”, añade.
Periodismo y política
Periodismo y política se han entrelazado para sostener un régimen caduco y en bancarrota
6.- La Universidad, la comunicación y el periodismo: el fin de un modelo agotado, según la crítica de su libro. En España, las universidades públicas desprecian la experiencia y las privadas rechazan la teoría y la ciencia. Aunque le afecte personalmente como catedrático de universidad pública, ya que ha demostrado sobradamente su independencia con este libro, ¿cree que vamos a un modelo de transmisión del conocimiento extra-académico?
La dejación de responsabilidades de la Universidad es paralela a la de las empresas periodísticas. Las facultades están atestadas de profesionales y académicos de segunda fila. La mayoría no logró un puesto en una redacción ni una formación sólida. Están tan quemados que consideran la docencia como un descanso y/o un sobresueldo. Una segunda opción, un complemento salarial o un retiro dorado. Y es cierta la diferencia que señalas. Las universidades privadas se ajustan al mercado de trabajo, mercantilizan los nuevos perfiles profesionales. Dan títulos rimbombantes para labores precarizadas y estimulan a los estudiantes para que se auto-exploten como “emprendedores“. Las universidades públicas, por su parte, propagan las teorías de moda. Algunas supuestamente críticas – nostalgia viejuna por una edad de oro del periodismo inexistente (“el parlamento de papel” de la Transición) o futuristas, cargadas de ciberutopías. Y sí, llevas razón, el conocimiento es en gran medida extra-académico, y extra-mediático. Aprendemos más en la Red que en clase o en el quiosko. Lo cual implica que o aprendemos a perder el control y se lo damos a “nuestros” públicos… o los perdemos. Lo que está pasando, vamos.
Greenwald
Greenwald: de abogado bloguero a recibir el Pulitzer
7.- Los nuevos periodistas del Cuarto Poder en red son héroes con castigo, según su libro y varios ejemplos se exponen en él. ¿Es necesario el riesgo para ejercer el oficio o puede aminorarse desde la ciudadanía para garantizar el libre ejercicio del contrapoder y la libertad de expresión? Aquí no hay una “primera enmienda” como en la Constitución de EE.UU que prohíbe la creación de cualquier ley con respecto al establecimiento oficial de una religión, o que impida la práctica libre de la misma, o que reduzca la libertad de expresión, o que vulnere la libertad de prensa, o que interfiera con el derecho a la asamblea pacífica o que prohíba solicitar una compensación gubernamental por agravios…
Planteas dos cuestiones, espía. Por una parte, la libertad siempre se paga a un alto precio (repasen las pelis de Tarantino). Y los derechos se defienden ejerciéndolos. Por eso, la verdad, el intento de hacer información veraz, es un deportes de riesgo. Pero no solo conlleva una amenaza de castigo. También lleva asociada la promesa de reconocimiento y respaldo social. Es es el valor, el activo más importante de un informador. Le seguimos porque le reconocemos de nuestro lado. Porque nos defiende y ayuda a defendernos. Tras cuatro años de ataques feroces, los mayores poderes del mundo han sido incapaces de cerrar WikiLeaks. No pueden acabar con algo que se basa en el conocimiento y cuenta con apoyo social. La segunda parte de tu pregunta se refiere a las condiciones para ejercer el nuevo periodismo. De las legales ya hemos hablado. Quizás convenga recordar que el libro termina con G. Greenwald, el colaborador de Snowden. En ocho años pasó de ser un abogado bloguero a recibir el Pulitzer. Dejó de trabajar como freelance para dirigir Intercept: un medio digital financiado por el magnate de Paypal. Curiosamente, la primera compañía que boicoteó a WikiLeaks. Pero este caso es paradigmático: nos habla de la necesidad de contar con informadores pertrechados con valores cívicos, destrezas tecnológicas y comprometidos con la defensa de las libertades. Dispuestos (como su financiadores) a “ensayar y probar“, a corregir sus decisiones, hasta dar con una fórmula sostenible de periodismo; entendido, antes que nada, como contrapoder. Pero ahora compartido, mancomunado.
Anonymous fueron los primitivos "hacktivistas"
Anonymous fueron los primitivos “hacktivistas”
8.- Hacktivistas, frikis y rarillos, dice su libro, pero frente a otra realidad, que es la de 27.443 periodistas en paro. ¿Es ese el sarampión que han de pasar los nuevos profesionales, ser considerados “frikis” o “rarillos” por ejercer a veces de “hacktivistas”?
Uno no crece como persona si sólo busca la aprobación de los demás. Tampoco madura tu organismo sin ataques víricos que te ayudan a desarrollar anticuerpos. Antes hacktivista – desarrollador de código y activista del conocimiento libre al servicio de causas colectivas – que “community manager” o “periodista marca”. Antes que te llamen “terrorista”, que ser un pastor de rebaños digitales o un empresario auto-explotado, rehén de tu “marca personal” o la de la compañía para la que trabajas. Seguimos llamando periodistas a quienes hacen relaciones públicas. Gestionan siglas políticas o marcas corporativas, disfrazando como noticias la propaganda y la publicidad. Que los zombis del periodismo te llamen friki es un elogio: reconocen que no eres un muerto viviente como ellos. Desconocen el código de nuestro tiempo, el digital. Pertenecen al mundo del pasado. Viven sin vivir aquí… y no dejan vivir.
Adios mafia
“Adios mafia”, la primera manifestación en España que despertó conciencias y equiparó a los partidos y políticos del régimen con organizaciones delictivas organizadas
9.- Los “partidos mafia” y el “periodista convencional” frente al periodismo de “código libre”, escribe en su libro. En España vivimos una situación política, institucional y económica anómala donde incluso se han registrado manifestaciones ciudadanas con el lema “Adiós Mafia, Hola Democracia”. ¿Puede ser su libro la base teórica de un nuevo modelo de política comunicativa en un nuevo régimen con nuevos partidos? Se habla incluso de que Podemos podría alcanzar poder antes de lo previsto.
Yo no sé si el libro es modelo de nada. En todo caso, planteo una base para el diálogo, la renovación profesional y la acción colectiva. Porque, con la excusa de WikiLeaks y Snowden, intento aclarar términos, opciones y límites a lo que podemos hacer. En España, desde hace tres años, se ha hecho muchísimo para abrir el código de la política y del periodismo. Hemos debatido, construido y compartido herramientas de intervención social: acampadas, manifas, escraches, mareas, filtraciones, escándalos y denuncias públicas; iniciativas jurídicas, legales y parlamentarias; nuevos medios y cooperativas; nuevas plataformas de intervención y representación… Y, ahora, ha surgido una maquinaria política en construcción: Podemos, cuya aparición ha impugnado el tablero político existente. Me alegraría que sus palabras se hiciesen realidad, espía. Que entre todos siguiésemos demostrando que podemos. Me da que sí. La potencia de lo que emerge desborda los estertores de lo que muere.

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