29 de octubre de 2014

Movimiento Maker: fabrica tu independencia

Hasta ahora, la mayor revolución que ha traído consigo internet pertenece al mundo de las ideas. Las lógicas de trabajo en Red, la conciencia colectiva o el desarrollo de código libre han transformado la forma en que pensamos y nos comunicamos. Y puede que estén a punto de revolucionar la forma en la que hacemos. ¿Aún crees que la impresión digital es un campo de expertos y técnicos? Descubre por qué los makers piensan que hemos puesto la primera piedra para un nuevo renacimiento: no para la impresión 3D, sino para construir independencia.



Carlos del Castillo
Periodista miembro de la comunidad editorial del 4° Poder En Red

“Vivimos en la sociedad del miedo, en la sociedad del No: nos han dicho que no somos creativos, nos han dicho que no somos doistas. Desde la Segunda Revolución Industrial el hombre dejó de trabajar para sí mismo y empezó a hacerlo para otros a cambio de un salario con el que comprar su felicidad. El movimiento maker es rebelarse a todo eso, es el renacimiento del hacer”. Así define Adam Jorquera, cofundador de uno de los primeros espacios maker de España, la inquietud que empuja a los makers a fabricar objetos de todo tipo.

Junto a Javier Gordillo, Jorquera puso en marcha Los Hacedores, una escuela-taller de impresión digital y modelado 3D, donde personas de todas las edades aprenden cómo fabricar por sí mismos cosas que necesitan. “No hay que tener ningún perfil, solo hay tener ganas de pasar de ser pasivo a ser activo, de buscar soluciones por ti mismo”, aclara.

¿Cómo surge el movimiento maker?

La filosofía maker se apoya en tres pilares. El primero, su símbolo: la impresora 3D, y más concretamente, el Proyecto RepRap. Ideado por Adrian Bowyer, RepRap (Reproducción Rápida) pretendía democratizar el acceso a la impresora 3D desarrollando un modelo de bajo coste, de código libre y que cualquiera, con unos mínimos conocimientos, pudiera replicar en cualquier lugar del mundo. Lo consiguió en 2008 (y documentó todo el desarrollo, que continúa en la actualidad, en este blog).

También es la evolución del pensamiento do it yourself  (hágalo usted mismo), que propone independizarse del consumismo y conseguir lo que se desee con el trabajo propio, aprendiendo y aumentando la satisfacción personal por el camino. Por último, bebe de las lógicas Red y de código libre: “mira lo que existe, si hay algo que existe y parece que funciona, cópialo, trata de mejorarlo y vuelve a compartirlo con la comunidad”, explica Jorquera. Así, los makers han creado un gran repositorio donde pueden encontrarse diseños de todo tipo de objetos listos para ser imprimidos digitalmente.

“Tiene una carga política bastante importante”, reconoce el maker. “A veces la gente pregunta a dónde nos va a llevar esta tecnología. Yo respondo que esa no es la pregunta adecuada, sino a dónde queremos ir con esta tecnología”, sostiene.

En España

“La verdad es que tenemos uno de los movimientos más potentes internacionalmente, incluso lideramos muchas áreas. De hecho, el fablab de Barcelona es el más importante del mundo, después del original del MIT (Massachusets Institute of Technology)”, adelanta Jorquera.

“Parece insólito que España, con la crisis tan abrumadora que estamos viviendo en los últimos años, haya jugado un papel de liderazgo mundial de fablabs; pero así es”, coincide Tomás Díez, director del Fablab Barcelona, que cuenta con una de las infraestructuras más destacadas del panorama internacional.

“Hay más de 400 fablabs en el mundo y desde Barcelona coordinamos programas internacionales en los que participan muchos espacios de esa red”, expone Díez, que, sin embargo, se define “en contra de generar un tipo de persona denominada maker. Cualquier persona que tenga ganas de hacer cosas es un maker. No se basa en tener un currículum, sino en tener la inquietud de aprender, que es lo que hace que la gente se acerque a los makespaces, fablabs…”

Tiburones de lo privado

“A veces se asocia la fabricación digital a las banalidades, a fabricar cosas para divertirse”, advierte el director del taller catalán desde 2010. “Hay apuestas fascinantes, como una red de Internet inalámbrico en Afganistán a partir de antenas de bajo coste fabricadas digitalmente. O como colmenas de abejas equipadas con sensores para monitorear por qué estos insectos están desapareciendo”, enumera.

Sin embargo, los makers coinciden en que la principal amenaza viene del mundo privado. “Ha habido una revolución con el tema del open source, pero lo que está pasando es que las grandes empresas están bebiendo directamente de las fuentes open source para no pagar un euro en investigación o en I+D. Dejan que la comunidad lo desarrolle, lo copian, lo empaquetan en una caja bonita y empiezan a venderlo”, denuncia Jorquera.

“La amenaza es la MacDonalización de esto”, conviene Díez. “Que la gente piense que la impresora 3D es un aparato en el que presionas un botón y sale algo fabricado. Es lo que quieren algunas empresas, que todo se reduzca a pagar por un diseño y fabricarlo en casa”.

“Las empresas productoras de impresoras 3D piensan que estamos en el momento Epson, que sacó su primera impresora en los 70 y petó el mercado —explica Jorquera— porque la mayoría de la gente ya sabía leer y escribir. Y no, ahora estamos en el momento Gutenberg, nos queda un mundo por delante”.

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