6 de octubre de 2014

Reinventando el patio de vecinas

Carolina Pulido Castro
Socióloga, Educadora social y activista de PAH Madrid y Alternativas desde Abajo

“Disculpen las molestias, esto es una revolución”, de esta forma irónica quiso tranquilizar el subcomandante Marcos, jefe militar y vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a unos turistas que pasaban por allí el día 1 de enero de 1994.

Muchos fueron también los y las turistas que se sorprendieron al encontrarse en la primavera del 2011 con una Puerta del Sol abarrotada de gente con pancartas. Gentes, que salieron a la calle para vivir ese momento de catarsis colectiva que supuso el 15-M. Salieron con la ilusión de compartir un momento único, y acabaron participando  en una movilización social sin precedentes en la historia reciente de Madrid.

Aún recuerdo el día en que se iniciaron las acampadas en la Puerta del Sol. Había multitud de gente concentrada en la plaza y alguien cogió un megáfono y dijo: “Compañeras, compañeros, esto es una asamblea ciudadana”. Era la primera vez en mi vida que participaba en algo así. Tuve la sensación de estar viviendo un momento histórico y a la vez sentí una conexión casi espiritual con el resto de personas que estábamos congregadas allí. Después, todas nos sentamos en el suelo. Para mí ese momento será inolvidable.

El 15 de Mayo de 2011 apagamos la tele y escapamos del sillón rumbo a la puerta del sol. Y de Sol a la plaza del barrio y de la vecindad al patio de vecinas. Y es aquí en el patio de vecinas donde voy a asomarme, como una cotilla, para ver qué se ha estado  trajinando estos tres años. Porque es allí, entre guiso y guiso, donde se mezclan los ingredientes que hacen posibles los cambios y donde se cocina la revuelta de la hierbabuena, que no es más que ese momento que surge cuando te acercas a casa de tu vecina para pedirle la ramita de hierbabuena que te falta y de paso, compartes recetas, saberes, penas y alegrías. ¿Lo hueles?. ¿Lo imaginas? Porque es en este hablar de lo que nos pasa donde arraiga la semilla que empodera.

Luisa me abrió la puerta de su casa para enseñarme sus fogones y regalarme historias. Luisa llevaba  más de 12 años en España, llegó con su marido y sus hijas. Ante las buenas expectativas económicas, compraron una vivienda y pusieron en marcha un proyecto de vida en común. Como tantas otras familias sufrieron los estragos de la estafa inmobiliaria y pronto se encontraron en situación de impago. Hubo un día en el que me habló de sus parálisis ante un semáforo en rojo. Su marido ya se había ido del país aterrado por  la presión del banco, la había dejado sola, con la deuda y dos hijas que sacar adelante. Se sentía abandonada e incapaz de hacer nada por si misma, ni cruzar la calle. El semáforo se puso en rojo para los peatones y los coches no dejaban de pitar. Fueron unos segundos eternos, tiempo suficiente para que le sobrevinieran todo tipo de pensamientos inconexos y paralizantes….” ¿que hago?”. Finalmente se escuchó otro pitido más y no tuvo otro remedió que avanzar. Cruzó el semáforo y arrastró a casa su indecisión. Un día, paseando por el barrio, se encontró a mucha gente concentrada en el portal de al lado, y allí estaba su vecina, megáfono en ristre. Cuando se enteró de que estaba resistiendo para parar un desahucio, se quedó para verlo. Allí descubrió a sus nuevas vecinas de lucha y comenzó su proceso de transformación. Ahora es ella la que está ayudando a sus comadres a “cruzar el semáforo”.  Han pasado unos años y Luisa  comparte gastos y hogar con otra mujer que tiene un hijo pequeño al que ha visto crecer, ambas se acompañan y se ayudan mutuamente con el cuidado de sus hijas y así pueden tener más tiempo para seguir asambleándose.  No ha sido fácil. Para consguirlo,  Luisa ha puesto en marcha un proyecto autogestionado y vende comida de su país que ella misma cocina. A veces,  incluso le da para emplear a alguna de sus compañeras de lucha, de aquellas con las que compartía la hierbabuena en el patio de vecinas. Así conoció a Rocío.

Rocío también tiene dos niñas. Su marido se quedó en paro hace tres años y no encontra empleo. Durante algún tiempo consiguieron aguantar con el trabajo de Rocío, hasta que también la despidieron. Después de  varios impagos, decidió levantarse y acudir al patio de vecinas para recoger firmas y así conseguir una negociación con el banco.

“…Iba de casa en casa recogiendo firmas y en estas que llamé a casa de mi vecina. Llevaba viviendo en ese portal más de 10 años y nunca había cruzado con ella, más que un saludo de cortesía. Cuando le conté lo que estaba haciendo se me puso a llorar y me dijo que había recibido una carta del banco, llevaba meses si pagar y tenía la carta escondida porque si su marido se enteraba temía que cometiera una locura. Ahora vamos juntas a las asambleas y no hay quien nos pare”. Rocío y su vecina, junto con otras compañeras y compañeros del barrio pusieron también en marcha un mercadillo de intercambio de libros de texto, además de una despensa de alimentos y forman parte de una red de apoyo mutuo en el barrio.

En mayo de 2012 mujeres como Luisa y como Rocío y su vecina, decidieron no permanecer impasibles y pusieron en marcha un proyecto de vida en común. Con el apoyo de otras vecinas recuperaron un edificio en Sevilla al que bautizaron como “Corrala utopía”.

Allí aprendieron, entre otros saberes, a asamblearse, a compartir aprendizajes, a recuperar espacios comunes, etc. El edificio fue desalojado pero no así la esperanza de estas mujeres que siguen poniendo en práctica lo aprendido en otros espacios. Proyectos como estos se vienen “cocinando” desde aquél famoso día en el que muchas y muchos descubrimos en la puerta del sol, lo que era una asamblea ciudadana.

Corralas donde las  vecinas se juntan por la tarde y se sientan en círculo a “cocinar” estrategias para recuperar el común con prácticas colectivas. Espacios, donde se tejen redes de solidaridad y apoyo mutuo. Vivencias que dan cuenta de la transformación social en la que estamos inmersas.

El 15-M ha servido para poner en práctica nuevas formas de acción colectiva fuera de las instituciones. Muestra de esto es todo lo que ha ido surgiendo alrededor de las plazas: la PAH, las mareas, nuevos centros sociales recuperados, etc. Pero sobre todo ha servido para reivindicar el sentido comunitario de la vida y para renovar la vida política colectiva, devolviendo la razón de ser, si es que algún día la perdieron, a los patios de vecinas.

De alguna manera el 15-M ha conseguido “reinventar las plazas”, pero también esta “redescubriendo los patios de vecinas”. El proceso de cambio esta iniciado, y no va ha parar. En fin, como decía el subcomandante Marcos: “Disculpen las molestias, esto es una revolución”.

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