25 de noviembre de 2014

El teniente Segura, víctima de una guerra mediática

Comunidad editorial del 4º Poder en Red

El teniente del Ejército de Tierra Luis Gonzalo Segura es un ejemplo del nuevo rol que debe asumir el periodismo en la sociedad de la información. Es una figura del 4º Poder en Red, que practica una labor de vigilancia de los poderes públicos. Es un funcionario militar que, encarnando los valores de la sociedad civil, le confiere a ésta una importancia clave para el trabajo de los periodistas.

Es un ciudadano de a pie que no acepta la corrupción que pasa ante sus ojos y, con muy pocos recursos técnicos, utiliza la Red para liberar información que, visibilizada por los medios de comunicación, empodera al resto de la ciudadanía. Dentro y fuera de los cuarteles.

Segura reveló en su libro Un paso al frente la corrupción que impera en las Fuerzas Armadas. Por ello afrontó una condena de dos meses de prisión. Se atrevió a levantar la alfombra de una institución opaca y acostumbrada a que la disciplina se confunda con la sumisión ante cualquier acción de un superior.

Segura no se amedrentó. Para que el flujo de contrapoder que inició con su libro no se detuviera en la última página, se alió con Público para continuar con las revelaciones. Comenzó un blog en este medio, que puso sus recursos humanos y técnicos a su disposición para que sus publicaciones lograran el mayor impacto posible. Era también una llamada a muchos de sus camaradas que, inspirados por su valentía, le contactaron para informarle de las irregularidades que observan cada día en sus cuarteles.

El teniente era plenamente consciente de que tarde o temprano los poderes sobre los que arrojaba luz se vengarían. Esa represalia llegó el pasado martes cuando fue arrestado por el jefe del Estado Mayor del Ejército, sin previo aviso y por vía administrativa, al acudir a declarar por uno de los expedientes que tiene abiertos por colaborar con la prensa. El arresto cautelar administrativo de 30 días es una medida excepcional. Contra ella han protestado las principales asociaciones militares por considerarla autoritaria e incompatible con los derechos fundamentales de los soldados como ciudadanos.

Cuando esto ocurrió, los periodistas con los que Segura colabora se pusieron en marcha para defenderlo. En cuestión de minutos, todos los partidos políticos fueron informados de su situación. Estos preguntaron al Gobierno sobre la actuación de los mandos militares y han llevado el caso ante la Comisión Europea. A su vez, se comunicaron los hechos de forma inmediata a El Intermedio, programa con el que el teniente ya había colaborado. Era la forma de superar la brecha digital y dar a conocer el nuevo arresto de Segura entre la ciudadanía y convocar así más respaldo.

Pero la corriente de contrapoder, iniciada por el teniente Segura, parece haberse estrellado contra las lógicas del viejo periodismo. Se estrelló en El Intermedio, que le presentó como una víctima, sin dar a conocer sus denuncias. Ofrecieron una entrevista "exclusiva" contactándole por teléfono mientras estaba encerrado en el centro desciplinario, exponiéndole así a otro expediente que puede acarrearle nuevas sanciones.



Los guionistas, el entrevistador y el presentador no fueron más allá. Su afán era conseguir una exclusiva, pero que no era tal. La conversación no añadía nada a lo ya publicado por Públicoo que no hubiese sido denunciado por los partidos políticos. Peor aún, no facilitó a la ciudadanía el acceso lógico a las denuncias. Su victimización pasaba a ser lo más importante. Porque también era lo más sencillo: ofrecer la imagen del héroe caído, que tan bien vende. Porque funciona igual de bien entre telespectadores afines como críticos de Segura. Los primeros se indignan y los segundos se congratulan. Pero no se entiende ni el significado del gesto del militar ni el contenido de sus denuncias.

El intermedio en ningún momento facilitó información de cómo acceder al blog del teniente Segura. Es por su actitud y contenido por lo que en este momento se encuentra arrestado. Nada supieron los televidentes sobre la comida con gusanos que se cobra a los soldados a 22 euros el día. Nada sobre el incremento del 300% para adquirir material de Defensa con Pedro Morenés. Nada sobre los 2.000 millones de euros anuales que le cuesta al Estado el excedente de oficiales. Nada sobre el teniente coronel de Valencia que utiliza soldados para reformar su chalet.

El 4º Poder en Red se estrella contra la lógica de unos medios más preocupados de arrogarse exclusivas que de levantar la alfombra. Con su programa del miércoles pasado, El Intermedio convirtió al teniente Segura en un juguete roto de la transparencia. El afán de protagonismo y la competitividad exacerbada impidieron presentarle como un ciudadano con el valor de destapar la corrupción de una institución opaca y asumir un injusto castigo por ello. ¿Habría habido un link a su blog sobreimpreso en pantalla si Segura no publicase en este periódico y no hubiese anunciado su decisión en este blog?

Queda claro que la profesión debe sustituir su intento de hegemonizar el protagonismo público. Debiéramos aprender a colaborar en las redacciones con sectores del público que demuestran tanto coraje. Y darles la visibilidad, el reconocimiento y la protección que se merecen. Para que sirvan de ejemplo y no de escarmiento. A no ser que asumamos que fuentes del calibre de Segura son un material a exprimir, para luego usar y tirar. Nosotros identificamos al teniente como un tecnociudadano que, con su experiencia profesional y la tecnología digital, eleva los estándares de virtud pública y denuncia la degradación institucional en curso. Sigue la estela de otros, de los que también hemos hablado. Y que, según sus palabras, le sirven de ejemplo y estímulo.

Julian Assange, ideólogo de la mayor organización filtradora de documentos de la historia. Chelsea Manning, que suministró a Wikileaks la documentación sobre los crímenes de guerra de EE.UU. en Irak y Afganistán. Y Edward Snowden, que reveló que los derechos fundamentales de todos los internautas estaban siendo violados en masa con la colaboración de gobiernos y grandes empresas. Los tres han sido las víctimas más notables de los mass media en esta guerra. Utilizaron sus revelaciones y luego les dejaron vendidos. Primero los entronizaron como héroes, para luego (vendidas sus exclusivas) destapar aspectos de su vida privada y torpedearles hasta derribarlos. Queda en última instancia, una morbosa (y rentable) narrativa. Un cuento nada ejemplificante, con la moraleja a los lectores de que no se hagan los listos, porque esto es lo que les pasará.

Segura ya ha sido acusado de tirano, machista y acosador sexual. La campaña en su contra es inevitable. Pero la complicidad de los medios supuestamente críticos, no. Si los profesionales con capacidad para extender el alcance de sus revelaciones se enrocan en guerras con los medios "competidores", acabarán siendo verdugos de la víctima que ayudaron a crear. Sin colaboración recíproca y leal, con las fuentes y con otros compañeros de profesión, los periodistas (como conjunto) auto-limitan su capacidad para ejercer de contrapoder.

Podrán exhibir sarcasmo e ironía con las fuentes oficiales. Pero seguirán cargándose la posibilidad de que emerja un ejército insumiso de ciudadanos dispuestos a sanear las instituciones. Sus intentos se diluirán entre quienes les difaman y los que les victimizan, desviando la atención de sus denuncias.

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