25 de febrero de 2015

2015: ¿cibermultitudes en el poder?

Millán Fernández
Politólogo, consultor y analista político (@millanfernandez)

Este que abre es un año apasionante en lo político y en donde se hace obligatorio poner el foco de atención en una primera parada: Grecia. El país heleno, cuna de la civilización occidental y del concepto de Democracia, que ha sufrido como pocos del continente la estafa turbocapitalista en curso, nos brindará la oportunidad de comprobar si la catarata de amenazas amplificada por la propaganda del Partido del Orden -bipartidismo de Nueva Democracia y PASOK- y por buena parte de los mass media, surtirá el efecto deseado por los intereses de la financiocracia global: preservar para la periferia europea un régimen deudocrático permanente que exprima su sangre a los pueblos al tiempo que les reserva un papel testimonial y subalterno basado en mano de obra semi-esclava a precios bajos para el Norte. Sabremos entonces si esta anomalía de subyacente inspiración totalitaria e imperialista alrededor del tótem del mercado y la moneda única se ha consumado ya por fin para una era de predominio post-moderno en cuanto a valores y pre-moderno cuando atendemos a estructura económica, relaciones políticas o ideales en tensión. Pero hay resistencias. Y respuestas alternativas.

La coalición de izquierda radical Syriza acude a estas precipitadas elecciones con opciones reales de acceder al gobierno de Atenas después de un proceso de construcción y consolidación pausada -así como de experiencias acumuladas en estos años de Gran Regresión- habiendo hecho un giro centrista y pragmático. Se presenta ante un pueblo exhausto por las reformas de castigo neoliberal y la ortodoxia austeritarista auspiciada por el diktat del eje franco-alemán y la Troika, que lo arrojaron al límite del colapso social. Con un programa socialdemócrata clásico que contempla una inexorable reestructuración de la deuda odiosa. Y los griegos, heridos en lo más hondo en su dignidad nacional debido a la intervención flagrante de poderes ajenos, acudirán a las urnas con la sensación de haber sido cobayas de laboratorio en manos de élites que substrajeron hasta el último reducto de soberanía; pero ahora tienen la oportunidad de cambiar el rumbo sirviendo de inspiración a las sociedades del Sur y avanzando tal vez una reconstrucción constituyente, y si fuere posible, en el seno de unas instituciones comunitarias corroídas por la corrupción que implica violentar las voluntades populares renunciando a la aspiración primigenia de representarlas según lo expuesto en la promesa fundacional. Y no sólo por el pecado original de no haber sido elegidas democráticamente, si no por la degradación de los últimos tiempos en su dependencia extrema del gran Capital.

Sería mortal para el proyecto histórico de paz e integración regional, política y cultural europea seguir abandonando a los griegos menospreciando su legítimo anhelo de justicia social. Ya vislumbramos las grietas también dentro del precario equilibrio multicultural en el seno de las sociedades alemana, francesa o del Reino Unido -y también respecto de la institucionalidad de la UE- pero la gestión de este caso determinará la suerte de todo el edificio. En palabras de Yanis Varoufakis, autor de El Minotauro Global: “necesitamos un New Deal para Europa” (1)  que destierre la idea de ella asociada al rigor presupuestario y al economicismo cruel e insolidario que deja en el camino a millones de seres humanos.

En el estado español, el año se presenta asimismo caliente, y no menos interesante; elecciones municipales y generales que se celebran en condiciones excepcionales. Desde principios de la década experimentamos un imparable proceso de aceleración histórica: eclosión del movimiento indignado del 15-M , con su evolución, ramificaciones y repercusión en el ciclo movilizador -enfriado- y potencialmente destituyente subsiguiente, mayoría absoluta de la derecha, crisis de partidos e instituciones del Régimen del 78 alimentada por el afloramiento de tal cantidad de casos de corrupción que advierten un sistema cleptocrático ineficiente, proceso soberanista catalán, fin de la actividad armada de ETA, abdicación del Jefe de Estado post-franquista e irrupción de una fuerza que pronto revolucionará el panorama del sistema de partidos que habíamos conocido hasta la fecha.

Dejando a un lado otro tipo de consideraciones acerca de Podemos en las que coincido en buena medida con lo expuesto por el profesor de Derecho Constitucional de la UB, Gerardo Pisarello, de Guayem, en un artículo aparecido en Público (2) -sobre todo en lo referido a que “si Podemos aspira a gobernar y transformar las actuales relaciones de poder necesitaría no sólo a IU o Equo si no a ERC, Bildu, Anova, CUP, ICV, Compromís o BNG”, como fuerzas vertebradoras de la ciudadanía más consciente para resistir los ataques que vendrán- hay otras circunstancias que hacen común las luchas en Grecia y aquí y que van más allá de programas económicos y políticos más o menos concordantes, salvando las distancias entre realidades incomparables: el papel jugado por las llamadas cibermultitudes en red tanto en la denuncia y deslegitimación de las entrañas corruptas del poder establecido y su papel en la revelación de los secretos oficiales3 como en su crucial hacktivismo a la hora de liberar y compartir información saltándose los canales de comunicación unidireccional, o fomentando el debate y el acuerdo -virtual- a través de distintas plataformas sin renunciar al encuentro físico. Muy al contrario.

Las cibermultitudes en red han ayudado a repolitizar el conjunto social en y gracias a la experiencia digital y al -buen- uso de las redes sociales y demás herramientas de la web 2.0. También se han nutrido de información alternativa en un escenario de transformación imparable del periodismo, convirtiéndose en flujo constante de contrapoder mancomunado que “reventó” en fenómenos de inspiración tecnopolítica y asamblearia como el 15-M (4) en España o, anteriormente, en las llamadas Primaveras árabes. De alguna manera, el Cuarto Poder en red (5) del que habla el catedrático Víctor Sampedro ha tomado forma corpórea en el tránsito de la indignación como causa hacia el deseo de cambio como consecuencia y empieza a vehiculizarse a través de ofertas políticas que sintonizan y aspiran a capitalizarlo -imposible, por incontrolable- proyectándolo en las instituciones. Estas dinámicas se habían gestado en Syntagma o Sol a rebufo de lógicas hijas directas de la sociedad-red que escudriñó Manuel Castells en Comunicación y Poder hace más de una década. Y el resultado de sus consecuencias es palpable.

Entonces, si hubo una fuerza en el estado español que ha sabido interpretar el entorno digital y su creciente influencia en la conformación de la agenda informativa y de la opinión pública contra-informando a la vez, para las masas, esa ha sido Podemos. Como “heredera” en el plano político del fenómeno movimentista surgido a raíz del 15-M -impulsado por nativos digitales- e imbricada en otras redes tejidas en la sociedad como la impulsada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, supo leer el potencial político que tiene adaptar los marcos discursivos al sentimiento de la comunidad bebiendo de el para lanzar mensajes al común. De ahí que otros actores no acierten a encuadrarla convenientemente: desde “populistas bolivarianos” por la derecha a una suerte de “oportunistas lerrouxistas” por parte de cierta izquierda y sectores nacionalistas de las naciones sin estado. Y la clave estriba, a mi juicio, en el entendimiento y la simbiosis generada entre el nuevo sujeto político articulado y una multitud preferentemente conectada que apuesta por nuevas formas de ciudadanía pero que está presa en parte, todavía, por cierta banalización del compromiso cívico.

Pablo Iglesias -y demás notables estudiosos de la demoscopia y de la sociología electoral que promovieron la iniciativa después de captar la ventana de oportunidad que surgía- es el primer líder español genuinamente 2.0: de la batalla comunicativa en red y en el ámbito académico dio el salto al campo de las tertulias televisivas y demás medios tradicionales para cubrir el vacío de nuevos relatos, saciando la demanda, y creando opinión contra-hegemónica. Ahí reside una de las explicaciones posibles de su fulgurante éxito, pero también algunas de sus posibles debilidades en el largo plazo.

Como recoge el periodista lucense Anxo Lugilde en su ensayo De Beiras a Podemos (6), o apuntaba Enric Juliana hace meses en La Vanguardia (7), la experiencia de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) en las autonómicas gallegas de 2012 sirvió como banco de pruebas del que Pablo Iglesias extrajo enseñanzas y algunos de los rudimentos que aplica hoy en primera persona a nivel general. Sobre todo en aquel apartado comunicativo que no desprecia el potencial que atesora un buen trabajo en red, con su contrastada repercusión en la agenda pública. También por la claridad del mensaje, contundente y directo, como hace Xosé Manuel Beiras desde los años 70.

Otra generación, a través de otros formatos y en otros contextos, lidera hoy el deseo colectivo de cambiar las sociedades para que los de abajo tengamos voz en las decisiones que nos afectan. Es el reto de la participación y de la complementariedad ciberdemocrática. De lo contrario, esas cibermultitudes en red serán igualmente implacables fiscalizando a cualesquiera nuevos inquilinos del gobierno. Y este podría ser el año en el que los gobiernos, por vez primera, sean suyos. Estaremos atentos, por supuesto. También en la red.



Referencias:

1. Grecia, los cien primeros días de Syriza, entrevista a Yanis Varoufakis. Revista SinPermiso.

2. “Podemos y el derecho a decidir”, Gerardo Pisarello. Publico.es, 2 de Enero de 2015

3. Revelaciones de Wikileaks y “caso Snowden”.

4. Tecnopolítica, Internet y R-evoluciones. Sobre la centralidad de redes digitales en el #15M. Obra colectiva. Icaria.

5. Cuarto Poder en Red. Por un periodismo (de código) libre. Victor Sampedro. Icaria

6.“De Beiras a Podemos. A política galega nos tempos da Troika (2012-2014)”. Anxo Lugilde. Praza Pública. Meubook.

7.“Todo comenzó con los Irmandiños”, Enric Juliana. 27-10-2014. La Vanguardia

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