10 de febrero de 2015

Lo que Wikileaks enseñó al periodismo

Ana Isabel Cordobés
Miembro de la comunidad del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digital

Las filtraciones de Wikileaks pusieron sobre la mesa varias cuestiones más allá de la vigilancia gubernamental –y empresarial- a la que estamos sometidos en Internet. Su fuerza era obvia en tanto que grandes organizaciones y gobiernos de un lado y otro del Atlántico intentaron bloquear y paralizar sus acciones. Que la información fundamental sobre cada uno de nosotros esté en la Red ya implica de por sí un cambio de mentalidad, pero la huella que Wikileaks deja es aún mayor.



9 de noviembre de 2010. Hace casi cuatro años que Wikileaks comenzó a establecer redes de colaboración con medios de comunicación. Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, The New York Times y El País fueron los agraciados con el premio gordo: tendrían acceso preferente a los cables y estos fueron publicados e investigados con mayor o menor atino y calidad.

Era una oportunidad única para demostrar el “poderío” de cada redacción y, sobre todo, para cumplir la verdadera función social de los medios. Pero también puso negro sobre blanco una realidad: los periodistas debemos reciclarnos, adaptarnos y ser conscientes de que el ecosistema informativo cambia a un ritmo frenético.

Trabajar con grandes cantidades de datos –Big Data o datos masivos- no es algo nuevo. Ya en los años 60 el norteamericano Philip Meyer lo realizó para derribar mitos: los estudiantes que acudían a las revueltas estudiantiles no eran mayoritariamente aquellos que habían abandonado sus estudios, sino que estaban compensados, en contra de lo que se publicaba. Interesante, ¿no?

Pero hoy no hablaremos de derribar mitos, sino de descubrir debilidades en la profesión periodística –otra más-. Podríamos decir que Wikileaks ha parido un nuevo Homo: el Homo Hacks/Hacker, mitad escritor de historias, mitad escritor de código o bien, fomentar la colaboración entre ambos profesionales. Tal como explica el grupo HacksHackers de Madrid, se pretende “establecer un punto de encuentro para […] intercambiar información sobre herramientas digitales y analizar la aportación de los programadores en áreas como el manejo de grandes volúmenes de datos, visualización, etc.”

El trabajo en periodismo de datos se caracteriza por no ofrecer información de última hora, sino reportajes más elaborados, con trasfondo investigativo. Y conlleva algunos cambios e implicaciones en cómo observamos la profesión a día de hoy. Es fundamental despojarse de la “titulitis” que padece España: la entrada de perfiles no periodísticos en una redacción no es intrusismo, sino complementación e innovación. Este nuevo ecosistema informativo nos exige una vuelta de tuerca, una colaboración continua y una inmersión de nuevos perfiles.

¿Y los periodistas? Para adaptarse a este nuevo modo de hacer información, deben ser cada vez más híbridos, familiarizarse con conceptos y funcionamientos como los de la extracción de datos, Kimono o las librerías en R, CSS… “El reto del abrazo tecnológico”, como lo nombra Borja Bergareche, debe llegar cuanto antes.

Pero este cambio no es tan simple. La mayoría de los planes de estudios universitarios no están preparados para este nuevo escenario informativo: pocos centros ofertan formación en periodismo de datos. “Menos McLuhan y más cartografía, Adobe, Java Script y CSS en las aulas” es la apuesta de Samuel Granados, actual director de gráficos de The Washington Post en referencia al mundo infografista, pero podemos trasladarlo a la formación de periodistas de datos con facilidad. Necesitamos perderle el miedo al código.

La colaboración entre perfiles periodísticos y técnicos –y entre distintos medios- parece ser la vía más lógica ya que “resulta imprescindible para ejercer el periodismo de denuncia. Nunca fue cierta la imagen del reportero investigador como detective solitario e individualista”2. Wikileaks “planteó la cooperación entre empresas mediáticas que antes eran rivales. Una novedad de primer orden para una industria obsesionada por publicar ‘exclusivas’ o, en su defecto, fabricarlas”.

Una puerta, la del viejo periodismo, va cerrándose de manera inevitable dejando atrás el egoísmo mediático y la fiebre por la primicia para dejar paso a un verdadero entorno de colaboración entre medios, en donde lo esencial sea publicar trabajos laboriosos, investigaciones propias y de mejor calidad. Asistimos a los primeros pasos del Cuarto poder en Red.

0 comentarios:

Publicar un comentario