4 de febrero de 2015

Una mani y tres mensajes

Víctor Sampedro
Catedrático de Comunicación Política de la URJC 

Dicen que la manifestación de Podemos del 31 de enero no fue tal, porque no tenía mensaje. Persiste la imagen del líder pancartero, que arrastra tras de sí a las masas como el flautista de Hamelin a las ratas. Al fin y al cabo así se conciben las campañas electorales basadas en el menosprecio de la ciudadanía: los gatos pastorean a los roedores hacia las urnas. Entre tanto comentarista viejuno persiste también la sordera generalizada, propia de quienes no se quieren enterar (ni que nos enteremos) de lo que representa el “partido instrumento”, como se hace llamar Podemos. Se presentan como una palanca que dice estar al servicio de “la gente”.

Cierto. Un instrumento no tiene otro significado ni finalidad que el que le atribuyan los usuarios. Pero la herramienta política es tan nueva que cuesta entender para qué sirve y, sobre todo, a quién. Porque no es lo mismo estar “al servicio” que “en manos” de la gente. Lo curioso es que, apartándose de los moldes, los mensajes de Podemos no resultan tan rompedores. Una vez más, Podemos ha convocado, articulado y moldeado lo (des)conocido.

Hace un año el “líder instrumento” en ciernes, Pablo Iglesias, pidió a los internautas
 que le avalasen para disputarle a “la casta” el monopolio de la representación política. En apenas unos días, le concedieron el placet. Un año después muchas más gentes dieron cuerpo a un triple mensaje. Pusieron el cuerpo para lanzar un triple discurso, del que quizás no sean del todo conscientes.

El primer mensaje tiene naturaleza electoral: “tic-tac-tic-tac”. El segundo es organizativo: “Respaldo a una cúpula unida”. Y el último, movimentista: “Podemos también mueve la calle”. El primero se dirige a los votantes desde la esperanza. Es el más obvio. Viene a decir que, después de Syriza en Grecia, llegará Podemos a España. El segundo mensaje se destina a una militancia, aún por construir, pero en torno a los liderazgos ya establecidos. Si los medios les golpean, la gente les arropa. Lo tuiteó Errejón: “No nos falléis”. Y el tercer mensaje va dedicado a los socios de las coaliciones electorales en las que pudiera entrar Podemos. Éste se perfila ante ellos como un partido-movimiento que, además de gestor institucional, puede ejercer de vocero y articulador popular.

Nada que objetar. Al contrario. Bastante sorprendente y elogiable. Tamaña capacidad comunicativa. Ejercida, además, por quienes aún no han fraguado candidaturas ni programa, ni cuentan con sedes para reunir a los manifestantes ni fondos para pagarles el bus y el bocata. Cualquier partido, con la maratón electoral que se avecina, hubiera deseado lanzar esos tres mensajes. Porque, encima, son impecables en pertinencia y eficacia.

El mensaje electoral dibuja las elecciones venideras como una cuenta atrás de “lo caduco”, que se saldará con la llegada de “lo nuevo” al Gobierno, como en Grecia. Se invierte así el papel metafórico que venía jugando el país heleno: la amenaza de lo que está por llegar, el negro futuro que (sí o sí) nos espera. Lo invocaba la (sin)Razón titulando a Syriza como la “Desgrecia”. Y resonaba en los tambores del apocalipsis de la Prensa del Santander, que anteponía el anuncio del Banco a sus cabeceras. Unos días antes de la manifestación, sin la más mínima alusión a la misma.

Podemos ha intentado transformar Grecia en esperanza. Una vez más, apuesta fuerte. Rentabiliza el triunfo de Syriza, con audacia (nadie lo daba por seguro) y riesgo (se le puede volver en contra) lo convierte en zanahoria electoral. En todo caso, hace política desde la ilusión. No desde la desesperación, como se le imputa machaconamente. De ahí el ridículo de Rajoy que les tachaba de “tristes” que se alimentan de las desgracias ajenas. Y de un PSOE que, sin haber reconocido el sufrimiento de sus bases, se muestra incapaz de inyectarles esperanza. Aunque si ésta se limita a la del “cambio” poco avanza Podemos en términos retóricos. Felipe González llegó al poder prometiendo lo mismo: cambiar. De Gobierno se entiende, porque de forma gobernar fue más difícil y renunció. Ahí está el reto de Podemos: concretar cómo y con quién gobernará. Y la prueba del algodón de los electores; cuando se conviertan, quizás pronto, en los primeros gobernados de Podemos.

El mensaje organizativo de la manifestación fue doble. Cerró filas en torno a los lideres. Y el partido mostró presencia en la calle y capacidad de presionar desde ella. Más allá y en conjunción con la ejercida desde las pantallas de la televisión y la Red. Una vez más, los portavoces sirvieron de conectores y catalizadores, gracias al capital mediático que acumulan. Por iniciativas y méritos propios. Por la estulticia de los tertulianos y pseudoperiodistas que les combaten desde los medios convencionales.

Ocurrió con la manifestación lo mismo que con el partido. Se ignoró su existencia para, una vez constatada, negarles legitimidad. Quienes así actúan debieran reconocer que el escrutinio y acoso a la cúpula de Podemos ha podido frenar su ascenso. Pero resulta dudoso que socave el apoyo hasta ahora acumulado. Por muchas irregularidades que se encuentren, serán desmentidas por los hechos o incluso disculpadas. Representan una minucia respecto al expolio que ha practicado la casta. Todos entienden que las conductas hasta ahora denunciadas son pecata minuta, comparadas con los pecados capitales del gran capital al que sirven PP y PSOE.

El “No nos falles” dirigido a Zapatero en 2004 (lo mínimo que se le puede pedir a un líder) lo ha dirigido otro líder a sus seguidores una década más tarde. “No nos falléis”. Pero ¿dónde? ¿Dónde va a ser? En las urnas digitales que decidirán las candidaturas y las urnas de cristal de las elecciones. En vísperas de cerrar pactos electorales con activistas y movimientos sociales, que se autodefinen representantes de la sociedad civil, Podemos quiso ponerlos “en su lugar”. Ocupando el que les era propio: la calle.

Este sábado un mitin multitudinario sustituyó las asambleas en las plazas. Rodea al Congreso se transformó en promesa de asalto electoral. Lo viejo y lo nuevo conviven en lo que nace. A ver si la petición de respaldo se materializa en un compromiso real (“... porque nosotros no os fallaremos”, señalaba Errejón) precisando las medidas políticas y los equipos que las llevarían a cabo.

2 comentarios:

enerxía dijo...

ya se echaba en falta un articulo bueno sobre la mani ....

Anónimo dijo...

Gracias por leernos y por el piropo

vsb

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