17 de abril de 2015

Podemos a la parrilla (III): La remezcla de la nueva y la vieja comunicación política

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)
Esta es la tercera entrega de una serie sobre la cobertura informativa de Podemos.
Lo muy innovador no triunfa: no se entiende, desconcierta o asusta a las mayorías. El éxito reside en una estrategia híbrida, que combina los medios según sus audiencias (número de inviduos atentos o sintonizados) y su relación con los públicos (pasivos en los tradicionales y activos en los digitales). La remezcla de lo existente y lo novedoso parece ser la fórmula adecuada.
Podemos tiene algo de berlusconismo: liderazgos y canales televisivos propios, aunque su escala no sea comparable. Los programas de TV digital de Podemos – en plataformas o cadenas ajenas – señalan una situación más débil que la llamada “TDT party” (confluencia de Tea Party y televisiones digitales en abierto) y en manos de la (ultra)derecha. Estos canales fueron los primeros que se abrieron a P. Iglesias. Y coinciden con Podemos en que el proyecto político se fragua, primero, como comunicativo. Esto es, el medio antecede al partido. Podemos buscaba en estas televisiones visibilidad: audiencias masivas, movilizables  hacia el voto (si son afines) o a la abstención (si son contrarias). No quería construir un “media party”, que es como se catalogaba a Forza Italia. Este modelo presupone un control mucho mayor de la televisión en abierto y masiva.
Podemos también hegemonizó la Red, sumando y canalizando la actividad de los internautas. Otro condottiere mediático, esta vez digital, Beppe Grillo ha sido tambien invocado como referente de Podemos. Les diferencia la personalización, el centralismo y el autoritaritarismo del cómico italiano en su organización(1). La tecnopolítica digital también ligaría Podemos y el Partido X, máximo exponente de un partido en red: sin nombres ni caras públicas, llevó las lógicas del entorno digital a sus últimas consecuencias. Comparte con Podemos la premisa de que la arquitectura comunicativa precede a (y así determina) la estructura organizativa. La concentración y flujos de información, las ventanas de transparencia y participación determinan el reparto del poder. Esto en el Partido X era un axioma, que postulaba el ámbito digital como prioritario para el activismo y la movilización electoral.
Podemos ha cooptado miembros e iniciativas de este “partido en red” pionero, que ya no se presentará a más elecciones, tras no conseguir escaños en el Parlamento Europeo. Y Podemos, en lugar de absolutizar la Red como plataforma única o prioritaria, la subordina a la construcción de un partido más convencional, que antepone la movilización en las calles o hacia las urnas. Esto último, el “asalto electoral” a las instituciones, les diferencia del quincemayismo menos politizado.
Pero las novedades de Podemos como partido provienen del 15M o la tecnopolítica. Del primero toma la transversalidad, el asamblearismo, los mecanismos de revocación y transparencia, el autofinanciamiento con micromecenazgos… nada de ello posible sin Internet. Y, como ya apuntamos, Podemos usa las redes sociales no sólo como medio de comunicación, sino también de organización. Votaciones masivas con dispositivos digitales han decidido la estructura, los candidatos y los programas. Y se han combinado con asambleas multitudinarias, locales o sectoriales, que también se apoyan en herramientas digitales para alcanzar consensos. Podemos destaca como el mayor usuario de Reddit, Loomio o Appgree.
El nuevo partido entendió la televisión como plataforma en la que las elites se proyectan según sus disposiciones e intereses. Aquí se trataba de introducir “el sentido común” y articularlo políticamente, para alterar la correlación de fuerzas. Algo que las elites constataron con los primeros resultados electorales. Podemos utilizó la Red para promover la conversación social y rentabilizar la autonomía de su público afín. Éstos constituyeron comunidades de afinidad (a veces anteriores a los grupos de militancia presencial o Círculos), viralizaron y remezclaron los programas de Podemos.
La secuencia ha sido, por tanto, primero asegurarse una producción propia (académica y televisiva), que acabaría adoptando el formato de tertulia. Difundirla, al mismo tiempo, en canales ciudadanos: al inicio, una televisión local (Tele K, decana de la televisión comunitaria madrileña desde 1992, amenazada por la Comunidad de Madrid) y, luego, las redes sociales. Así Pablo Iglesias logró captar la atención de algunas televisiones digitales extranjeras, a las que su equipo de producción entregaba el programa cerrado. Luego le invitaron a las tertulias de las teles digitales de la derecha y, finalmente, de dos cadenas generalistas en abierto (Cuatro y La Sexta). La televisión (hegemónica en la dieta mediática, incluso de los internautas) y las tertulias (el formato de “información” política por excelencia)  daba visibilidad. Pero fue la Red la que permitió el trasvase hacia las grandes televisiones. Y las redes sociales cooperaron simbióticamente con las cadenas privadas, aumentando su difusión, viralizando los programas o los fragmentos más intensos de las tertulias. Sin embargo, la estrategia de colaboración parece haber llegado a su fin.
(1)Treré, E. y Barassi, V. (en imprenta). “Net-Authoritarianism? How Web Ideologies reinforce Political Hierarchies in the Italian ‘5 Star Movement’”, Italian Journal of Cinema and Media Studies, vol 3:3.
Este texto remezcla y simplifica el artículo de Víctor Sampedro que aparecerá en el próximo número de la revista Teknokultura
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