5 de mayo de 2015

La situación político-mediática de Galicia a debate (II): Alternativas atlánticas… En lo político




Millán Fernández
Politólogo, consultor y analista político (@millanfernandez)

Este post es la segunda entrega de una serie dedicada al análisis político y mediático de Galicia

Las Mareas[1] están recobrando fuerza con la rebelión municipalista [2] que se ha forjado en todo el Estado. En el caso de Galicia, las Mareas avanzan como reproducción endógena y no-mimética de procesos y ensayos de Unidad Popular, como Barcelona en Comú, de la activista Ada Colau, o Ahora Madrid. A riesgo de ser percibidos ininteligibles y algo caóticos entre parte del electorado, estos movimientos han generado altas expectativas de cara al 24 de mayo.

Los une el deseo de recuperar unas instituciones secuestradas por clanes mafiosos, encorsetadas en el ciclo endiablado de la deuda, y con un techo de gasto que no permite desarrollar políticas activas de rescate ciudadano desde lo local. También la necesidad de articular un espacio político de ruptura con el sistema cleptocrático y desocializador. Las Mareas llegan para aglutinar distintas sensibilidades políticas en torno a un proyecto democratizador que habrá que reactivar con los ojos puestos en criterios de gobernanza para el siglo XXI: desarrollo sostenible, urbanismo racional, descentralización, bien común, transparencia y participación, etc..

Destacan especialmente dos: Marea Atlántica en A Coruña y Compostela Aberta en Santiago. Sin restar importancia al resto de los procesos que han emergido en hasta 60 municipios gallegos. Fórmulas de participación desde abajo y apoyadas por Podemos, Anova, Esquerda Unida, Equo y otras organizaciones más pequeñas.

Estas fuerzas políticas aspiran a unir a la izquierda gallega, dotándola de un nuevo impulso que sepa ir más allá de Alternativa Galega de Esquerda y de los rescoldos de carácter implosivo del BNG que apostó por permanecer al margen, aun siendo una fuerza importante. No ha sabido leer el momentum marcado por la emergencia social, y actúa como un transatlántico al que le cuesta virar para acompasar y mantener la ilusión que otrora generó. Su fuerte y disciplinada organización -extendida por todo el territorio durante más de 30 años- le permitirá resistir, aunque con dificultades en las capitales, a excepción de Pontevedra.

Es paradójico que algunos de sus cuadros más formados tengan ahora un papel destacado en el experimento, empezando por Martiño Noriega, co-portavoz de Anova junto al histórico Xosé Manuel Beiras, alcalde de Teo y firme candidato a liderar el consistorio compostelano tras una situación esperpéntica con tres alcaldes en una legislatura y diez de trece concejales del PP imputados.

Como regidor del pequeño municipio de Teo -limítrofe al de Santiago-, Noriega atesora experiencia de gestión, ya que implementó políticas participativas, des-privatizadoras y se mantuvo explícita y activamente ajeno a la corrupción que inundó los gobiernos locales, concellos y diputaciones.



Esta aldea gala sirvió de reserva cultural durante estos años en donde el sector fue dejado de lado por parte de unas autoridades más ocupadas en tapar sus vergüenzas que en servir al pueblo. El escenario compostelano resulta propicio para exponer y aplicar su alternativa de cambio al haber vivido la ciudad estos últimos años bajo excepcionalidad institucional, mordaza cultural y agotamiento del proyecto estratégico de la neo-derecha post-fraguiana, alternancia tardía después de décadas de dominio socialista. Hoy el proyecto del PSdeG en la capital no cuenta tampoco con un liderazgo capaz de generar grandes adhesiones y simpatías como las que gozó en otros tiempos, especialmente de la mano del histórico Xerardo Estévez.

En contraposición, la candidatura de Martiño Noriega -más allá de su experiencia, juventud y transversalidad- goza de cierto halo epopéyico, ya que fue en Cacheiras (Teo) donde los falangistas asesinaron al último alcalde galleguista y republicano, Ánxel Casal [3]. Como ya sucedió en 1931, las elecciones municipales de mayo podrían tener un marcado carácter epocal si triunfan en suficientes municipios de todo el estado las alternativas de unidad popular y anti-troika, anticipando a unas elecciones generales que bien podrían tener aire pre-constituyente si el bipartidismo fracasa.

Por otra parte, la candidatura coruñesa, con distinta formulación desde su génesis, está liderada por Xulio Ferreiro, quien ha renunciado a su puesto de magistrado suplente en la Audiencia Provincial de Lugo para ayudar a dar portazo a varias décadas de dominio local por una misma oligarquía representada por el pacovazquismo[4] y el Partido Popular en la última legislatura. Código ético estricto, lucha contra la corrupción, política social y descentralización del poder local como ejes principales de un discurso compartido que resitúe a las instituciones en parámetros de servicio y base popular.

Así pues, Galicia, vive momentos de efervescencia, y tiene argumentos de sobra para no quedar al margen de los tiempos a los que nos empuja la historia. Muchas veces, desde Madrid, los medios no reflejan lo que ocurre en el laboratorio gallego, que ya fue pionero en las Elecciones Autonómicas de 2012 al poner sobre la mesa la necesidad de acuerdos amplios entre diferentes fuerzas políticas para combatir desde las instituciones la trampa austeritarista, dando voz a los movimientos sociales y a una sociedad civil deshauciada y despojada de sus naturales atribuciones como contrapeso a los excesos de un poder hoy sordo, ciego y más envalentonado que nunca.

[1] “La Marea Atlántica llega a la costa”, Virginia Uzal

[2]“La rebelión municipalista se abre paso”, Gerardo Pisarello.

[3] Agosto do 36, Xosé Fernández Ferreiro. Novela que recrea, con especial crudeza, la tormenta de sangre de la Guerra civil española en Galicia en una aldea de Ourense.

[4] Hace referencia a la larga singladura política de Francisco Vázquez, ex regidor de A Coruña por el PSOE, y ex Embajador de España ante la Santa Sede.

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