4 de mayo de 2015

Podemos a la parrilla (y IV): La desigualdad acumulativa del sistema mediático

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)

Esta entrega pone fin a una serie de post que analizan la cobertura informativa de Podemos

El 28 de enero de 2015 todos los grandes periódicos en papel exhibían en (falsa) portada un fajín del Banco Santander al lado de la mancheta. Era una demostración de fuerza y la respuesta anticipada a la “Marcha por el Cambio” que Podemos convocaría tres días después: una movilización que celebraba el triunfo de Syriza en Grecia como anticipo de una hipotética victoria de Podemos en España.

Los periódicos “de referencia” se han convertido en medios publicitarios: están en quiebra y en manos de accionistas bancarios, que son sus principales clientes publicitarios. Junto con los entes públicos de radiotelevisión (que obtienen sus peores audiencias y sufren un control político sin precedentes) actúan como instituciones zombi, que diría Ulrich Beck. Aunque en vías de extinción, pueden resultar letales.

Gráfico 1 y 2. La situación de la prensa de papel en España:



Fuente: Noticias de la Comunicación / Reality News, Mongolia, febrero de 2014

Después de ignorar a Podemos en sus orígenes, estos medios pronto pasaron a verter sobre sus líderes medias verdades, tergiversaciones, imputaciones y comparaciones con cargos públicos procesados por corrupción y fraudes de gran calado. Todo ello desembocó en peticiones de dimisión de quienes no eran candidatos oficiales de lista alguna. Por su parte, la televisión comercial en abierto, reproduciendo una agenda fabricada desde instancias gubernamentales, aprendió que obtenía iguales réditos si desinflaba la burbuja mediática que antes había ayudado a hinchar.

Podemos llegó a Bruselas sin haber comparecido como formación política en las televisiones “públicas”, con el sesgo de una fuerte personalización y gracias a las tertulias de las televisiones privadas. En menos de un año, el control de la propiedad de los medios masivos, dibuja un modelo elistista del poder: se evidencia así una estricta campaña de fiscalización y crítica a Podemos que no se aplica al resto de partidos.

Los medios privados han pasado de “hacer negocio” con Podemos -aprovechando su tirón de audiencias- a aplicarles una vara de medir que subvierte las reglas más básicas de la profesión y la deontología periodísticas. Llama la atención, por ejemplo, el contraste actual en la cobertura mediática que tiene este partido frente a Ciudadanos. Mientras Podemos es presentado como un peligro para la estabilidad del país, Ciudadanos es la cara “amable” de un cambio “responsable”.

Como caso paradigmático, en febrero de 2014 coincidieron en el tiempo dos “escándalos” provocados por sendas filtraciones. El primero atañe a Juan Carlos Monedero, uno de los principales ideólogos de Podemos, que en ese momento encabezaba las encuestas en intención directa de voto. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, filtró a la prensa un presunto fraude fiscal de Monedero, por un dinero que provenía de unos informes elaborados por el profesor universitario para los países latinoamericanos del ALBA. El ministro dejaba, además, entrever futuros escándalos de otros líderes de la formación.

Esta filtración, que era parte de una estrategia electoral del Gobierno, recibió mucha más cobertura que los escándalos financieros de dinero negro que afectaban a algunas de las principales fortunas de toda Europa y, en especial, de España. De forma simultánea al caso Monedero, el hacker Hervé Falciani, en colaboración con el International Consortium of Investigative Journalism, había desvelado el nombre de cientos de españoles con cuentas opacas en Suiza, destinadas a la evasión fiscal.

Sin embargo, ninguno de los implicados (entre los que había banqueros -entre ellos la familia propietaria del Banco Santander-, empresarios, cargos públicos y hasta celebridades del deporte) recibió grandes críticas ni se vio forzados a responder, al contrario de lo que había sucedido con Monedero. Aunque tarde, el profesor universitario presentó todas sus facturas y aclaró su situación fiscal y, junto a ello, Podemos inauguró un portal de transparencia donde se detallan las cuentas del partido.

Este caso de estudio es representativo de la “desigualdad acumulativa” generada por los medios convencionales y su labor de minado de la comunicación política que les cuestiona. Como ya se relataba en el primer post de esta serie, frente a las continuas peticiones de dimisión de alguien que no ocupaba ningún cargo público como Monedero, apenas hubo críticas al titular de Hacienda, quien podría haber incurrido en delito por desvelar datos fiscales. Sólo el periodista Federico Jiménez Losantos, identificado con la derecha más radical, salió a denunciar a Montoro.


El resto de medios y periodistas se mantuvieron en silencio. De otra forma, Montoro podría haber comenzado a supervisar las cuentas de los medios en cuestión lo que, tal vez, habría supuesto el cierre de la mayoría. El discurso importa, pero también quien lo paga o subvenciona.

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