17 de diciembre de 2015

“El centro está donde vives, no donde ellos dicen que está”

Sara Calvo Tarancón
Periodista miembro de la comunidad del Master en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

El sol parece distinto desde el Morro da Babilônia. Muchas favelas de Río de Janeiro cuentan con unas vistas privilegiadas porque se levantan en la ladera de los numerosos cerros de la ciudad, a los que se les llama morros. En un pequeño bar que corona la montaña, en frente de las playas de Leme y Copacabana, sirven cerveza Itaipava bien fría, batata doce, bolinhos de aipim y banana da terra frita.Desde ahí arriba parece que el horizonte de la ciudad ofrece infinitas posibilidades.
La bahía se ve inmensa, cristalina. La luz del atardecer se va escondiendo detrás del cerro del Corcovado sobre el que alza sus brazos y sus 38 metros de altura el famoso Cristo de Río de Janeiro, que vuelve multicolor su cuerpo de granito al caer la noche. Entre las nubes que suelen acariciarle los pies y la luz que proyectan los focos, a veces da la sensación de que el Cristo Redentor realmente esté bajando del mismísimo cielo para perdonar los pecados del pueblo carioca y de sus gobernantes.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.

Más abajo, los niños hacen uso de las plazas y juegan al fútbol descalzos, con un balón que suele terminar en los tejados de las casas vecinas. El sonido de las risas se mezcla con el rugido de las enormes pantallas de televisiones ultraplanas en casas a medio construir. Noticiarios, reality shows y películas de vaqueros hablando português en Full HD para niños con la cara sucia.
Todo el mundo sabe que a una favela de Río de Janeiro no se entra a pasear. A veces las personas que habitan estas comunidades se sienten como si vivieran en un zoo al que van a sacarles fotografías y a experimentar políticas de desarrollo social los voluntarios -quizá a veces demasiado blancos, con pasaporte europeo y afán asistencialista- que viven en barrios de clase media mucho más céntricos. Además, el proyecto de ‘pacificación’ de las favelas que empezó en 2008 está siendo cada vez más cuestionado, entre otras cosas por el abuso de la violencia por parte de las UPP, las Unidades de la Policía Pacificadora, que nunca consiguieron acabar con el narco sino más bien dispersarlo hacia la periferia. Hoy en día está concentrado en puntos calientes como el Complejo de Maré, donde viven más de 16.000 vecinos.
Vitor Grilo. El grupo 'Jardines suspensos' hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.
Vitor Grilo. El grupo ‘Jardines suspensos’ hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.

La Cumbre de la Tierra organizada por la ONU y celebrada en Río de Janeiro en el año 1992 dejó en herencia unas grandes lonas que las comunidades utilizan como centros para actividades culturales. Una de las más conocidas, la Lona Cultural Municipal da Maré organiza desde Rodas de samba hasta talleres para la construcción de espacios verdes en las casas de las comunidades, como el que llevó a cabo el grupo de trabajo ‘Jardines suspensos’, uno de los colectivos participantes en la segunda edición del LABICBR, el Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana de Brasil, que se ha celebrado en Río de Janeiro. En él han participado más de 100 personas de 14 países diferentes constituidas alrededor de 12 grupos de trabajo que abordan distintas problemáticas de Brasil, pero que también buscan resultados replicables y adaptables a cualquier país. De ahí han surgido, por ejemplo, prototipos para monitorizar vectores de dengue, programas para dar vida a las plazas de los barrios o propuestas de radios comunitarias utilizando tecnología Raspberry Pi
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.

Muy cerca de la Lona, en un bloque de casas colindante, se encuentra la Radio Comunitaria de Maré. En la puerta del edificio, un joven que no ha cumplido los 15 protege, con un fusil de esos que solo se ven en los documentales sobre la Guerra del Golfo, una boca de fumo: un punto de venta de droga. En los meses previos al Mundial de Fútbol de 2014, el ejército brasileño ocupó el Complejo de Maré para aplicar mano dura contra el narco antes de la celebración del gran evento futbolero. Un alto cargo militar aprovechó la larga tradición de la radio comunitaria y reclamó un espacio para responder preguntas a la comunidad. Lo que en un principio parecía un altavoz para darle publicidad al Ejército se convirtió en un espacio en el que la comunidad denunciaba los casos de abusos de poder por parte del mismo Ejército. La primera fue Doña Lucía, vecina de Maré y oyente de la radio desde hace 10 años. Llamó en directo para pedir explicaciones al General sobre por qué uno de los suyos le había apuntado sin motivo alguno con una pistola a ella y a su hija, cuando bajaban a hacer la compra.
8- morro da providencia
Más de un millón de personas viven en las favelas de Río, hoy ya liberadas en parte de la ocupación militar pero con muchos otros problemas a los que hacer frente y con más que se esperan para el próximo año, cuando la ciudad sea la sede de los Juegos Olímpicos. Los periódicos publicaban hace pocas semanas la noticia  de que la Policía (que sigue estando militarizada) había matado a tiros a cinco jóvenes de entre 16 y 25 años sin ni siquiera dejar que salieran del Fiat Palio blanco que conducían en las polvorientas calles de la favela de Lagartixa, dentro del Complexo da Pedreira, en la zona norte de Río de Janeiro.

A 12 kilómetros del Morro da Lagartixa se encuentra elComplexo do Alemão. Allí murió por un disparo de la Policía Militar el pasado mes de abril un niño de 10 años mientras jugaba en la puerta de su casa. Fue la cuarta víctima en menos de 24 horas que perdió la vida por las supuestas balas perdidas de las armas de la Policía. Cerca del Complexo do Alemão está Penha, el barrio donde vive Herbert, un joven de 24 años que acude a las clases gratuitas que se imparten en el Centro de Referencia de la Juventud (CRJ) de Ciudad de Dios sobre programación y diseño web.
Herbert se acercó al Palacio Capanema, sede de esta última edición del Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana, para hablar con el colectivo de trabajo de Redes de Telecomunicación Comunitarias: quería que su comunidad aprendiera a instalar una red libre tanto para interconectar a los vecinos como para compartir el wifi. Los propios alumnos del CRJ son los que gestionan la página web de Ciudad de Dios, una comunidad que se hizo famosa por la película de Fernando Meirelles.
Ciudad de Dios cuenta con una radio comunitaria en la que participa Douglas, un chaval de veintitantos que quería aprender a flashear el firmware de los routers del CRJ para formar una red comunitaria libre y compartir su wifi con el resto de vecinos. Douglas comenta que los gobernantes siempre se olvidan de la periferia porque no hay turistas ni nada que dé dinero, solo personas. “Quieren que mi comunidad, Ciudad de Dios, se convierta en una zona de paso hacia la Barra de Tijuca”, una zona de barrios lujosos y centros comerciales. “El centro es donde vives, no donde dicen ellos que está. Y si Ciudad de Dios no lo es, haremos que lo sea”.

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