14 de diciembre de 2015

Los agujeros negros del periodismo español (III): Rivera o el Aznarato II

Víctor Sampedro
Catedrático de Comunicación Política


Este es un posible escenarios después del 20D. A la vista de lo expuesto en las dos anteriores entregas (La democracia de plasma y el periodismo contemplativo y Sin protocolo profesional y responsabilizando a los más débiles), que no se plantee en los medios le añade credibilidad. Sería resultado del carácter contemplativo de una Prensa que, ansiosa por renovar el plantel de figurantes políticos, remezclará viejos y nuevos “valores” en una nueva edad de oro conservadora. Emulando aquella en la que el negacionista y guerracivilista Pío Moa era autor de mesilla de noche del Presidente Aznar. El monocultivo anti-etarra cosechaba votos a izquierda y derecha; y a J. Medem le acusaban de filoetarra por colocar la pelota vasca en el tejado de la negociación. Negociar equivalía, entonces, a rendirse. Y los próceres de la patria administraban tratamiento antiterrorista a sus enemigos políticos.
ETA representaba el último vestigio del franquismo, el único residuo fascista. Y quienes no lo suscribiesen sin matices ni añadidos, militaban en ella. El racismo era patrimonio exclusivo de Sabino Arana y sus nietos. Contar sus muertos y erigir a las víctimas en jueces, una práctica periodística muy extendida, con el consiguiente olvido de las cunetas del franquismo. Columnistas y tertulianos alardeaban de testosterona y llamaban a las filas de la Unión, a una guerra civil que se libraba en Euskaherria. El uso de ese término despertaba suspicacias de pertenencia a un “entorno” etarra sin contornos, infestado de disidentes y resistentes.
La Aznaridad, según M.V. Montalbán, o el Aznarato, en términos de J. Tussel, pueden revivir tiempos de gloria. J.M. Aznar – el primer expresidente de Gobierno que no hace campaña electoral por su partido – pudiera ser el triunfador de las elecciones. No él, sino su forma de gobernar, basada en la polarización y la crispación, que excluyen al oponente hasta criminalizarlo. ¿Se acuerdan de ZetaP? Dejen volar su miedo. Imaginen que, ya en Gobierno de coalición, los cantores más agrestes del PP se juntan con A. Rivera (ansioso por suscribir el pacto antiyahista), para entonar cantos de guerra, después de corear La Marsellesa y antes de bombardear Siria. Reemplacen a Ibarretxe por A. Mas (o quien le sustituya); e intercambien HB-Batasuna por la CUP. Verán cerrarse el cerrojo constitucional a un referéndum sobre independencia, federalismo y todo lo que pretenda rebasar el marco actual. Su cuestionamiento será antisistema, término que acabaría abarcando lo que no fuese puro Aznarato.
Mantener el régimen del 78 y el duopolio PP-PSOE, apoyado en los nacionalismos periféricos, parece ya imposible. Los pasos dados en Cataluña hacia la independencia y la respuesta de las instituciones españolas no tienen fácil vuelta atrás. El régimen se resquebraja por lo nacional y no por lo social. Minentras el 15M representaba una contestación tanto a la degradación política como a los recortes. Pero la crisis no ha tenido otra traducción significativa que el cuestionamiento de la integridad de España. En ese tema confluyen la nueva y la vieja derecha de Cs y el PP. Una, nacida para combatir el nacionalismo catalán en las urnas y la otra, que lo combatió con las armas. Ahora el armamento será otro.
El Español, el nuevo diario de Pedro J., se cree llamado a ser el baluarte del “nuevo periodismo” y la “regenación”. Bien financiado con macrodonaciones, sería el artefacto mediático-electoral del Aznarato II; lanzado en pleno órdago independentista. Primero, auparía a Ciudadanos. Luego, azuzaría y daría purgante a los cargos del PP, para renovarlo o hundirlo. Todo depende de las cuentas y las conveniencias.  Ramírez viene de lejos y encarna una figura única en la historia universal de la infamia periodística. Es el único director de un periódico que llamó a boicotear otro diario. Porque, aunque afín, no abrazó su teoría de la conspiración del 11M. En realidad, le permitió desbancar al periódico boicoteado, ABC, del segundo puesto de difusión. Mientras su conmilitón Jiménez Losantos alcanzaba otro logro semejante, colocando a la COPE por encima de Onda Cero. Luego alzaría su propia empresa, Libertad Digital, aliándose con el ala más dura del PP. Recibió dinero de la caja B y licencias de los gobiernos autonómicos “populares”, mediando las transacciones aquel Ministro de Interior que veía a ETA donde los Tedax constataban evidencias yihadistas. La conspiración del 15M fue el huevo de la serpiente que el Aznarato dejó para mantener la crispación. Después del 20D puede eclosionar de nuevo.
Las encuestas pronostican un gobierno del PP, apoyado por (o en coalición con) Ciudadanos. Y la lógica partidaria señala que los de Rivera intentarán desgastar a sus socios, para convertirse en primera fuerza política. Es el contexto de tormenta perfecta para Pedro J. El Español, toma el nombre de la publicación de José (o Joseph) Blanco White: un cura liberal, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y que murió exiliado y convertido al protestantismo.
A Ramírez le sulibeyaría encarnar el retrato que Gotisolo realiza de semejante heterodoxo: “expatriado atrabiliario, monstruo, corruptor de la moral pública, venal y traidor, perro desleal, español desnaturalizado, pluma sanguinaria y atrevida, anglo-criollo…” Pero existe otro antecedente periodístico, quizás más revelador: El Español de Adolfo Muñoz Alonso. En palabras de Gregorio Morán, fue el “artífice de la expresión el contubernio de Munich [estigma oficial del germen de la oposición antifranquista], presunto filósofo y acaparador de cátedra en la Universidad de Murcia, presidente de las Asociaciones de la Prensa de España, director de la Escuela de Periodismo que se movía (…) tanto en los entornos de la Falange como del Opus Dei”. Entornos en los que Pedro J. también se desenvuelve con facilidad.
El referente de Blanco White resulta útil por sus giros pendulares ante la integridad territorial, el campo de batalla que el Aznarato intentará dominar, situándolo en el centro de la vida política. El cura hereje experimentó una evolución drástica respecto a la independencia de Hispanoamérica. Comenzó defendiendo la unidad del Imperio. Para postular luego una confederación de Estados independientes, pero vinculados al monarca. Y acabó resignándose a la separación total de las colonias respecto a la metrópolis. Virajes que no son ajenos a Pedro J en su etapa de El Mundo. Arrancó en 1989 defendiendo la autodeterminación del País Vasco. Pasó a denunciar el genocidio cultural de la política lingüística catalana. Y acabó tachando al Tripartito Catalán de secesionista.
Proclive a pensarse el factotum de nuestra épica reciente, Pedro J. explicó su salida de El Mundo por presiones de Moncloa y su intento de derrocar a Rajoy. Antes se arrogó haber finiquitado el felipismo y catapultar a Aznar hacia la Moncloa. Incansable muñidor de campañas, montó la de UpyD; infopublicitaria, antes que informativa. Noten la similitud de la tríada Unidad, Progreso y Democracia con aquella de Una, Grande y Libre. Los mismos campos semánticos e idéntico orden. La Unidad es el arranque del imaginario conservador, el punto de partida, sin el cual no hay desarrollismo ni democracia. Perciban la pujanza de esta tesis en el argumentario españolista que alerta de la debacle económica y de las libertades en una Catalunya republicana. Serán también las tesis de sus antagonistas tras el 20D, disfrazados de liberales y jacobinos. La mancheta de El Español se ajusta a la careta de Ciudadanos: el cromo de recambio, la nueva apuesta.
No olvidemos que Blanco White murió como arzobispo anglicano de Dublín y siendo un ferviente partidario del unionismo. La españolidad, de aromas aznaristas y retrogusto requeté, puede modernizarse con la GeneraciOnEncontrada (sic, Banco Santander), con los babyboomers nacidos del pelotazo inmobiliario. Los de la ética pública equiparada a la responsabilidad social corporativa; la patria, a la empresa; y la bandera, a la marca. Para cierto nuevo periodismo, también todo sigue en venta.

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